El oculto seudónimo de Horacio Quiroga

S. Fragoso Lima: con ese nombre el escritor uruguayo publicó seis novelas breves en las revistas Caras y Caretas y Fray Mocho, entre 1909 y 1913.

Por algún motivo, el autor de Cuentos de la selva y Cuentos de amor de locura y de muerte, entre otros, nunca dio a conocer que esos textos, publicados como folletines, fueran de su autoría. Una razón podría ser que este tipo de publicaciones no eran bien catalogados por los intelectuales de la época y siempre fueron considerados como “baja literatura”. Lo cierto es que estas pequeñas novelas le permitían a Quiroga percibir un dinero de forma rápida cuando lo necesitaba.

Investigación

Esto se supo tras una investigación por parte de Alejandro Ferrari y Martín Bentancor —de la editorial uruguaya + Quiroga—, quienes publicaron en Uruguay una caja con las seis novelas más un libro con textos críticos. Ahora se lanzará una nueva edición titulada Seis novelas breves de S. Fragoso Lima (Caballo Negro), con tres textos críticos firmados por la profesora brasileña Amalia Cardona Leites, el académico rumano Matei Chihaia y la doctora en Letras yugoeslava Ksenija Bilbija.

“Estas historias jamás incluidas en un libro por su autor tienen un atractivo único, muy potente: son fantasías científicas de época, y a la vez relatos de terror”, dice Soledad Quereilhac, investigadora del Conicet y autora de Cuando la ciencia despertaba fantasías (Siglo XXI). “Miran con lentes ominosos la incrustación salvaje en plena ciudad que representa el Jardín Zoológico, no exenta, asimismo, de auras esotéricas; también versionan el lado siniestro de la experimentación científica. En ellos se recrea de manera original el espacio cosmopolita de la Buenos Aires de principios de siglo, sus costumbres y sus reversos fantásticos”.

De esas nouvelles, la investigadora destaca El hombre artificial (1910) y El mono que asesinó (1909), “porque constituyen dos auténticos relatos de temprana ciencia ficción rioplatense; las convenciones del folletín las atraviesan: suspenso hacia el final de cada entrega, para atrapar al lector e incentivar la compra del número siguiente de la revista; anticipaciones del final trágico de las historias; cierto tono melodramático, las apelaciones al lector, el uso de intrigas, engaños y disfraces; la localización del acontecimiento fantástico en el Buenos Aires contemporáneo de los lectores; la presencia de dos o tres ilustraciones por entrega, enfáticas y atractivas”.

Otros pasatiempos

Amante no solo de las letras, sino también de las plantas, Horacio Quiroga a su vez dedicó parte de su tiempo a investigar la vegetación de Misiones, donde vivió por varios años. Tal es así. que en la actualidad su herbario se puso en valor en el Museo de Ciencias Naturales de la Ciudad de Buenos Aires. El proyecto “Horacio Quiroga en el Herbario” se encuentra digitalizado, con imágenes en alta resolución. “A futuro, el objetivo es publicarlas en internet, con libre acceso para los amantes de la literatura y los científicos”, explica el curador del área de botánica.

A los lectores de este gran escritor solo nos queda esperar a la publicación de estas novelas y deleitarnos con más literatura.

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